21 enero 2007

Acerca de las (antiguas-nuevas) Tecnologías

La evolución (no revolución) del “chip”, ya decíamos, nos podía convertir en un item, un voto,… vamos en este proceso –y ahora- recorriendo la fase de la “AUTO-SATISFACCIÓN”, ya somos “gasolineros”, verduleros, carniceros, drogueros,… ya sabemos auto-servirnos. Como si eso fuese un logro.

En este proceso de “autoservicio” que nos adocena y nos hace confundir con la auto-satisfacción, y en el complicado universo de la educación, podemos caer en el error de “auto-servirnos”, es decir, pasar de ser docentes a “funcionarios tecnológicos”, donde, en este caso, los que se “auto-sirven” son los discentes: los alumnos.


Función del funcionario:

  • Abrir el aula

  • Encender los ordenadores

  • Abrir la página Web...

  • Lean la pantalla (No es necesaria la atención)

  • Manipulen y den respuesta.
  • Esta es mi función.
  • Vuelvo ahora por si tenéis algún problema técnico de conexión...

  • El funcionario sigue funcionando pero ahora cambia de aula.

  • Por ello, el funcionario en una hora pudiera atender a cuatro y apuradamente a cinco aulas (cinco grupos).

  • Los alumnos (y sus padres) estarían convencidos de que están recibiendo una atención excepcional, por aquello de lo tecnológico y la pantalla que los fagia e hipnotiza.

  • Así, en seis horas el funcionario hubiese acabado una jornada laboral de treinta horas (permanencia en el centro de una semana).

  • La atención de padres correría de manos de los orientadores.

  • Y los grandes “popes” de la pedagogía se frotarían las manos.

  • Todo está servido, auto-servido y, sobre todo, controlado.

  • Esperemos que en un futuro no lejano, hasta no tengamos que evaluar (valorar) a nuestros alumnos, ya, esos paquetes informáticos y dirigidos por no sabemos que “docentes informáticos”, se encargarán de contar cuántas respuestas acertó el alumno, y decidir que grado de auto-servicio y auto-satisfacción posee como si de un concurso televisivo se tratara.
Todo esto que acabo de escribir -es cierto- es un reduccionismo irónico, pero por ello, no deja de ser una tendencia que se vislumbra y que quizá, no lleguemos a verla por nuestra edad. Pero, al cabo, un reduccionismo que ha de servirnos para no perder de vista nuestra verdadera vocación: la de docentes.


No se pierda la palabra ni oral ni escrita.

No se pierda la natural vocación del ser humano del descubrimiento íntimo, de la curiosidad.

No se pierda jamás la mirada.

No se pierdan las ideas aéreas, que vuelan desde el conocimiento del adulto al desconocimiento natural del adolescente.

No se pierda el arte del bien escribir y decir.

No nos perdamos en el auto-servicio y en lo fácil de la auto-satisfacción.

No dejemos de ser complicados; sería un morir, inútil y sobre todo triste.

En definitiva sigamos siendo. Preciosa forma del verbo ser.



A mi amigo Aquiles.
VALE. Siempre.



Carlos Rodríguez Ipiens



Sabia reflexión de mi amigo Carlos, ahora que estamos sumergiéndonos en las aguas de la enseñanza y aprendizaje a través de las TIC. Yo soy algo más optimista. Por pura necesidad de creer en la bondades -en general-. Creo que esa transposición de docentes a funcionarios tecnológicos no se dará nunca. Lo más natural es que sea de funcionarios a funcionarios que usan las TIC y de docentes a docentes que integran las TIC. Y en ese camino, repito, necesito ser optimista. El mayor reto de la educación, en la actualidad y mucho más en el futuro, será la atención a la diversidad. Y en ese reto, las TIC tendrán mucho que decir. A favor o en contra. La reflexión de Carlos es un buen aviso a navegantes.

09 enero 2007

Sentirse cautivo

La estabilidad es un estado no estable, valga la paradoja. La estabilidad no es un ser. Eso conlleva que todos tengamos el mismo bamboleo. Sólo necesitamos saber que cuando estamos abajo no nos arrastramos por el fango y cuando estamos arriba no somos un áquila imperial. Por eso no es bueno agotarse en la búsqueda de ser estable, sino en la confianza de tener momentos de estabilidad y disfrutar de ellos. No te sientas cautivo de nada y vive...

aquella ola, fue un paréntesis que no cerraba.



ya, así.
aparecen los primeros pájaros
con cuellos de colores,
que vuelan,
y también se paran...
con quietud.



miro la losera blanca y roja de mi suelo,
de mi imaginación...
y
me dice:
silencio...



así, con cierto recelo, me retiro.



y pasa un alba y se va,
y otras mil, y no escribo.
y siento, que me siento
más cautivo.



mañana seguiré.

Carlos Rodríguez Ipiens