02 diciembre 2006

La historia de un gambito

A propósito de esta partida inacabada que jugamos en la cama redonda de nuestra profesión y que desgraciadamente llevamos -en demasiadas ocasiones- al tablero de la vida. Viene al pelo, en esta semana de oficiantes de tinieblas.


A mis compañeros de jaque.

y de otros torneos de Ajedrez en el I.B. Pablo Picasso.



- La historia de un gambito -



La danza peligrosa de aquél peón blanco, se confundión por primera vez con el fenómeno sirviente que cantó "ámame tiernamente" -Love me tender, love me...- y que no insinuó nada mientras su beso se gustaba de sacar punta y sacar.... y, mientras la estrella de las estrellas, esa que nunca avisa, y, siempre llama al tablero del dolor -Léase tablero por cama- de madrugada, ella, ahora que siempre sube sin hacer nada mantenerte es su precioso espíritu de sabia nadadora, nadadora de sed quieta, de peón blanco. (Era la Dama negra)



El peón blanco jugó la gran baza (No se atrevió con Laza) y con un gambito se hizo negro. -negro del todo- e infliltrado en la quinta no supo cambiar de plumín, no sabía, e indeciuso y temió, y temía. Temía estrellarse en la estrella de las estrellas, y buscaba un mito en el que apoyarse y no había estudiado y no conocía mitos, y se cayó al pasar a la sexta -al sixty ¿Nó?- y, no es que se lo comieran, es, que se cayó y se calló, y, no dijo: la Dama me recogió, y el sirviente volvió a cantar el ámame tiernamente de Percy. El peón, ahora en poder de las negras parecía como si peón de verdad; Pero, la sabia que siempre llama a la cama -léase cama por tablero- de la claridad, ahora, a la cama del olor, no lo devolvió, y, como buena reina que sin jaque al rey contrario se aburre, lo envolvió en una veladura que le enseñó el maestro -Alfonso- que conmovió al mismísimo Manisero de Machín y en Martes de madrugada aplazó su partida hacia la costa y se durmió esperando la más grande luna -ella, la dama negra- el más grande pez, la más pequeña ilusión de apoderarse del mítico peón blanco que negro ya, cayo en sexta, en el syxty...



Así, el Rey blanco decidió que álfiles y torres se movieran, veía por aquel gambito, a la reina -Dama negra- perdida, mientras ella se veía ganada.



Así, un caballo loco, los devolvión en el descanso fuera del campo de batalla -léase ahora la cama-; Y, es que la reina gustaba de sacar punta y sacar...



Mueven blancas y Ganan.



Carlos Rodríguez Ipiens, Noviembre de 1991


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