21 diciembre 2006

¡Tira p'alante!


Gracias, amigo. Difícil es que a estas alturas de la vida no nos conozcamos, no nos reconozcamos. Por eso adquiere más valor la sorpresa y tanto más cuando uno lo hace con 'apropiándose de lo ajeno'. Hacer uso de ello, un sencillo uso de ello, ha sido y será siempre un placer. Es mi deseo que ese ¡tira p'alante! que me enviabas hace 16 años, sea un boomerang que retorne hasta el presente y futuro de tu vida.


Un fuerte abrazo.


Andorra la Vella
5-octubre-1990
ANDORRA


Querido amigo:

En medio del temor y las sospechas,...comienza CAVAFIS el FIN.

Y, sin embargo, en qué error estamos, cuando creemos que el comienzo es el fin.

Yo no supe aceptar que solo era un cervatillo émulo del amigo Aquiles. La franqueza, tu franqueza... era la única virtud. -y es- a la que mi amistad se ciñe.

La vida no podemos reducirla a 30 km. a la redonda, le escribía hace años a la madre de mis hijos. La vida nos pide que se experimente. Pero la experiencia no es siempre grata... Quisiera por tanto experimetar por ti y por todos, y que viváis.

¡He aquí Radio Andorra!

He aprendido -aprehendido- a decirme las cosas a mí mismo, a solas...

Tengo aún problemas para discernir a quien quiero más: si a la desesperanza o al MAR.

Mi intuición, mi humanidad si cabe, me llevan siempre al MAR, en este caso a las encrestadas montañas que sumergen a este valle, pero siempre habrá algo...

Aquí, donde has llegado, no es poco, donde has llegado en humanidad, felicidad,... pero más será cuando dediques la flor a tu MAR, y tu sinceridad...


Así, a la orilla del MAR
con profunda alegría...
en soledad aceptada,
me dedico a tu amistad.

Un sincero abrazo, Aquiles.

Tu compañero y amigo por siempre.

Carlos Rodríguez Ipiens - Oct'90

P.D.: Humanitad, felicitas, libertas... no son palabras que invento ahora; cualquiera de nosotros, haría de éstas una aspiración de vivir. Así lo espero para tí y los tuyos.

¡Tira p'alante!


17 diciembre 2006

Con brisas de magón.


al perder la mirada.



y viene como un soplo
de luz... y se ve
como el agua.



dejolas caer
del cielo, gotas de furiosos rencores.
tronchó un retallo,
y con su mirada recogió la flor,
y con ella, errante...
fue devolviendo las gotas púrpuras
al cielo.
así le amaneció la noche,
y con brisas de magón,
reecontró el mar...
la luz...

Carlos Rodríguez Ipiens



Mar de fondo, cuando la noche funde cielo y estrellas como escenario del drama y al amanecer, con las mismas brisas de magón, el mar de la vida encuentra la luz y nos concede un tiempo suplementario.

Pensando en mi padre -Rafael- y su deseo de vivir.

10 diciembre 2006

Melancolía


Esta ha sido una semana de cierta melancolía; de una debil pero peligrosa melancolía. Tal vez sea el cansancio..., tal vez.




...hoy está el cierlo raso...

esta noche comtemplaremos otra vez,

esa faja de luz que circunda la tierra

y que es la vía láctea.






Ayer,

aparecía la luna

triste...

como llena

de melancolía...





a semejanza nuestra.



Carlos Rodríguez Ipiens

02 diciembre 2006

La historia de un gambito

A propósito de esta partida inacabada que jugamos en la cama redonda de nuestra profesión y que desgraciadamente llevamos -en demasiadas ocasiones- al tablero de la vida. Viene al pelo, en esta semana de oficiantes de tinieblas.


A mis compañeros de jaque.

y de otros torneos de Ajedrez en el I.B. Pablo Picasso.



- La historia de un gambito -



La danza peligrosa de aquél peón blanco, se confundión por primera vez con el fenómeno sirviente que cantó "ámame tiernamente" -Love me tender, love me...- y que no insinuó nada mientras su beso se gustaba de sacar punta y sacar.... y, mientras la estrella de las estrellas, esa que nunca avisa, y, siempre llama al tablero del dolor -Léase tablero por cama- de madrugada, ella, ahora que siempre sube sin hacer nada mantenerte es su precioso espíritu de sabia nadadora, nadadora de sed quieta, de peón blanco. (Era la Dama negra)



El peón blanco jugó la gran baza (No se atrevió con Laza) y con un gambito se hizo negro. -negro del todo- e infliltrado en la quinta no supo cambiar de plumín, no sabía, e indeciuso y temió, y temía. Temía estrellarse en la estrella de las estrellas, y buscaba un mito en el que apoyarse y no había estudiado y no conocía mitos, y se cayó al pasar a la sexta -al sixty ¿Nó?- y, no es que se lo comieran, es, que se cayó y se calló, y, no dijo: la Dama me recogió, y el sirviente volvió a cantar el ámame tiernamente de Percy. El peón, ahora en poder de las negras parecía como si peón de verdad; Pero, la sabia que siempre llama a la cama -léase cama por tablero- de la claridad, ahora, a la cama del olor, no lo devolvió, y, como buena reina que sin jaque al rey contrario se aburre, lo envolvió en una veladura que le enseñó el maestro -Alfonso- que conmovió al mismísimo Manisero de Machín y en Martes de madrugada aplazó su partida hacia la costa y se durmió esperando la más grande luna -ella, la dama negra- el más grande pez, la más pequeña ilusión de apoderarse del mítico peón blanco que negro ya, cayo en sexta, en el syxty...



Así, el Rey blanco decidió que álfiles y torres se movieran, veía por aquel gambito, a la reina -Dama negra- perdida, mientras ella se veía ganada.



Así, un caballo loco, los devolvión en el descanso fuera del campo de batalla -léase ahora la cama-; Y, es que la reina gustaba de sacar punta y sacar...



Mueven blancas y Ganan.



Carlos Rodríguez Ipiens, Noviembre de 1991